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Un crisol de laboratorio es un recipiente fabricado con materiales refractarios de alta resistencia, diseñado para soportar temperaturas extremas durante el proceso de fusión de aleaciones metálicas.
En el entorno técnico, el crisol dental actúa como el receptáculo donde el metal sólido se transforma en estado líquido, ya sea mediante inducción, soplete o sistemas de resistencia eléctrica.
La calidad de los crisoles de laboratorio es determinante para evitar la contaminación del metal, ya que deben ser químicamente inertes para no liberar impurezas que comprometan la integridad de la estructura colada.
Dependiendo del tipo de aleación, el profesional selecciona recipientes de cerámica, grafito o cuarzo, asegurando que el coeficiente de expansión térmica del material soporte el choque térmico sin fisurarse.
La función de los crisoles de fundición en odontología es servir de soporte para fundir metales preciosos o no preciosos antes de ser inyectados en el molde de revestimiento mediante fuerza centrífuga o vacío.
El uso de este instrumental en el flujo de trabajo protésico permite realizar las siguientes tareas críticas:
La elección del modelo adecuado garantiza que el técnico pueda trabajar con seguridad, evitando reacciones químicas no deseadas entre el revestimiento y la aleación fundida.
Un correcto mantenimiento de estos elementos previene el desprendimiento de partículas cerámicas que podrían generar porosidades en las superficies oclusales o en los ajustes marginales.
El empleo de estos recipientes refractarios es lo que permite transformar un diseño manual en una pieza metálica sólida capaz de soportar las fuerzas de la masticación.